Vuelta a Miau (José Eugenio Soriano, Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Complutense de Madrid, en El Economista.es)

Dice el autor que hay que leer a Pérez Galdós, que está más vivo que nunca. Propone que leamos la novela Miau para entender “lo que el engendro de la Ley del Empleo Público, aprobada por esta legislatura, ha acabado realizando, nada menos que la destrucción completa de la Función Pública”. Más claro no puede ser, al señalar que se han multiplicado las sociedades públicas, fundaciones, consorcios y otras entidades.

José Eugenio Soriano considera escandaloso comprobar en decenas de ayuntamientos cómo se han ido incluyendo en sus plantillas toda clase de amigos y parientes, que tras un contrato laboral adjudicado directamente, luego se han quedado para siempre en el Ayuntamiento.

Y lo peor, dice, es que además, “se han incorporado tantos y tantos personajillos cercanos al alcalde y partido de turno, que lo único que no se les ha pedido es que tengan un mínimo de calidad y de conocimientos para atender al servicio”. Todo esto, “mientras los funcionarios de verdad, aquellos que con transparencia y basándose en su esfuerzo y conocimientos accedieron a los puestos públicos, son en muchísimas ocasiones totalmente relegados, cuando no menospreciados”.

Advierte este autor que la característica del empleo público, especialmente desde que se aprobó la nefasta Ley de Empleo Público, ha consistido en lo fundamental, en seleccionar al personal mediante una entrevista en la que quien toma la decisión es el Partido y el Sindicato. Nada de pruebas objetivas, competitivas, transparentes. No. Los amigos. La cohors amicorum. Hoy, señala, el empleado público no es otra cosa que un funcionario mal seleccionado por partidos y sindicatos. Una vez que sin pruebas públicas- dado que lo fundamental es una “entrevista”- se incorpora un empleado público, luego se queda ahí, de por vida, como un estómago agradecido a quien le nombró, siendo a la vez espía e inútil.

José Eugenio Soriano considera que “lo que es perverso y corrupto es designar a empleados digitalmente, esto es, por el dedo”. Y eso es lo que está ocurriendo. Describe cómo a menudo “se han burlado los políticos de los pobres opositores, convocando una oferta en la que ya estaba la plaza dada o, inclusive, filtrando el examen, con escarnio de quienes han estado trabajando honradamente estudiando los temas. Luego, ninguno entra”. Luego describe la fórmula: se entra como se entra y andando el tiempo “se convoca un concursillo en el que llevas ya una mochila, esto es, un saco de puntos frente al que pretende venir de fuera”.

Termina su artículo destacando que, por si fuera poco, cuando ya no caben en la Administración más enchufados, porque algún periodista comienza a poner el grito en el cielo, entonces se crean empresas públicas y ahí, así, sin luz ni taquígrafos, se hace lo mismo. ¡Y en eso estamos! El pensamiento débil (imbecilitas en latín) y la corrupción han ido de la mano. Se nos ha caído la función pública. Y solamente un pacto de Estado podría recuperarla. Pero eso es un sueño…

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