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La crítica fundada y justa inspira a los gobernantes y es un tesoro para los Estados democráticos (E.S.I.; 2013)

21.07.2017

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Tribuna

Pública Función (César Gavela, en Las Provincias, 8 de febrero de 2009)

En estos meses son muchas las voces que apuntan al gasto público funcionarial como uno de los capítulos que debe reducirse en tiempos de vacas flacas. Se dice que es insostenible para las arcas públicas mantener tantos empleados, que hay que congelar salarios, etc., que para eso tienen un puesto fijo. César Gavela expone su punto de vista sobre la cuestión, advirtiendo que en toda esta polémica hay argumentos de peso que se olvidan con mucha frivolidad. Reproducimos en extracto el artículo publicado en el diario “Las Provincias” por César Gavela:

"Siempre que azota la crisis económica, siempre que los muy ricos empiezan a ganar menos dinero que antes, aparece un grupo de señores de mando o de muy alta obediencia que arremeten contra los empleados públicos… La función pública está abierta a los ciudadanos. El acceso es libre, las pruebas se basan en la igualdad, el mérito y la capacidad. Ciertamente, todas esas personas que ganan tanto dinero cuando la economía va bien, podrían optar por la función pública". Leer más

 
El voto a ciegas (M. Martín Ferrand, ABC, Opinión,  28 de marzo de 2009) 

En relación con el carácter secreto de una votación del Congreso de los Diputados, donde se da el visto bueno a la compatibilidad de determinadas actividades de los diputados con el cargo representativo que ostentan, M Martín Ferrand critica la opacidad y la confirmación de “privilegios” de algunos votantes. Destacamos en extracto su opinión:

En una partitocracia como la nuestra, cuando el sistema electoral niega la esencia representativa y el Congreso es una mera escenificación litúrgica, el empleo de diputado es algo simbólico y decorativo… pero, dado que todos, los centrípetos y los centrífugos, se sienten satisfechos con la situación y no se vislumbra posibilidad alguna de revisión constitucional, implántese el disimulo para que el decaído entusiasmo de los contribuyentes no se hunda del todo.

Estoy pensando en el cínico desparpajo de los padres de la Patria, de los 246 diputados que votaron a favor del dictamen de la Comisión del Estado del Diputado. Sólo los portavoces de cada grupo, según costumbre establecida y unánimemente consensuada, conocían el texto que el presidente del Congreso, José Bono, sometía a la consideración de sus señorías. Los demás votaron a ciegas y, al hacerlo, consagraron el derecho de los diputados a compatibilizar su trabajo supuestamente representativo con otros de naturaleza particular y, se supone, lucrativa… pero una sesión parlamentaria con 336 asistentes y el acuerdo previo de que nadie haga uso de la palabra, en la que se vota algo que la mayoría desconoce y que, en cualquier caso, establece el privilegio de algunos de los votantes es, en el mejor de los casos, un cachondeo. 
 

Ciudades sin ley (Alejandro Nieto, en Lex Nova: La revista)

¿Cuántas «ciudades sin ley» no conocemos, aunque sea de oídas, porque no tenemos valor para entrar en ellas?

Una vez más Alejandro Nieto, pone el dedo en la llaga, subrayando una gran paradoja del Derecho y la responsabilidad de los poderes públicos ante las ciudades sin ley. Por un lado, las normas penetran en los ámbitos más recónditos, en la intimidad del ser humano. Por otro, se hace la vista gorda ante las ciudades sin ley. De su artículo destacamos lo siguiente:   

“En el campo, especifica lo que se puede cultivar y el volumen de las cosechas. Ni se detiene siquiera en el umbral de la intimidad familiar y detalla las relaciones de los hijos con los padres y con los abuelos y hasta se atreve a vigilar el dormitorio conyugal…

En otros casos, en fin, el legislador «no puede» intervenir porque los afectados son más fuertes que él. leer más

 
Una política económica pactada (Manuel Lagares, en El Mundo, 10 de marzo de 2009)

 Considera Manuel Lagares que se están tomando medidas inconexas e incluso contradictorias, con un aumento del déficit público que, en cuanto esté motivado por ayudas o inversiones desatinadas, será un obstáculo para superar la crisis. Según el autor ha llegado la hora de tomar medidas que requieren de valentía política y de un pacto entre el Ejecutivo y la oposición, como sucedió con los famosos Pactos de la Moncloa. Transcribimos parte de su artículo:

En cuanto a las prioridades, no cabe ya duda de que mientras no se normalice y limpie el sistema bancario de activos tóxicos o de valores depreciados, poco podrá esperarse respecto a la financiación de la economía real.

A las empresas habría que ayudarlas con una reducción de sus costes y algún impulso a sus inversiones y exportaciones. Para eso nada como bajar drásticamente el impuesto sobre sociedades, reduciendo su tipo o eximiendo total o parcialmente de este tributo a los dividendos distribuidos, y cambiar cotizaciones sociales por impuesto sobre el valor añadido, del que las exportaciones están exentas. Un fuerte crédito fiscal a las inversiones empresariales en activos reales, en vigor sólo por plazo limitado, podría coadyuvar con fuerza al aumento de las inversiones al reducir el coste de los bienes de capital con cargo a la factura impositiva… 

Pero, además, tendrían que liberalizarse todos los mercados, incluido el laboral, e integrar de nuevo nuestro fragmentado mercado interior. Hay mucha tarea pendiente en estos ámbitos y para eso no se necesitan apenas gastos pero si grandes dosis de fortaleza política, de la que hoy posiblemente carece el Gobierno… 

Debería, además, realizarse un considerable esfuerzo didáctico respecto a su contenido y a sus sacrificios, para que los ciudadanos lo acepten sabiendo sin engaños que el camino de superación de la crisis será largo y duro, pero posible. leer más
 
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