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No es infrecuente que en la aceptación de trabajos por parte de revistas pretendidamente científicas y editoriales influyan cuestiones alejadas de valoraciones objetivas y neutrales. Muchos trabajos son filtrados en función de criterios espurios; querencias, relaciones privilegiadas e intereses inconfesables, que a veces llevan a seleccionar trabajos mediocres y a dejar en la estacada a autores y obras dignas de elogio.

28.05.2017

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Tribuna

Elogio de la excelencia (Alejandro Diz en Tribuna, El Mundo, 7 de octubre de 2009).

Alejandro Diz pone el dedo en la llaga sobre las consecuencias del falso igualitarismo y los efectos que ha tenido en nuestro sistema educativo, y en nuestra sociedad en general, el desprecio o, al menos, el desinterés por valorar la capacidad y el esfuerzo. Y lo hace en un momento en el que ya han saltado todas las alarmas sobre el fracaso escolar en España y el empobrecimiento de nuestras Universidades, de las que sólo uno figura entre las primeras doscientas a nivel mundial. En este sentido dice:

  «Defender el principio de la búsqueda de la excelencia significa el proponer y fomentar un tipo de actitud ante la vida y el quehacer de las personas; un tratar de hacer y comportarse de la mejor forma posible, aun sabiendo que tenemos limitaciones y condicionantes en esa tarea.

Porque la excelencia puede y debe buscarla tanto el intelectual más dotado como el artesano más modesto, tanto en su actividad profesional como en sus relaciones humanas en general.

Cuando se elogia adecuadamente la excelencia se está defendiendo una sociedad que fomente el éxito del individuo que busque ser distinguido moral, intelectual, profesional, estéticamente, ser interesante para sí y para los demás, y por el contrario, procure la no conformación del hombre-masa, de la persona indiferenciada y, por ende, fácilmente manejable. Leer más

 

Irresponsabilidad y crisis hipotecaria (Luis Mochón López, en La Opinión de Granada, 4 de junio de 2009) 

Luis Mochón ananaliza dos cuestiones de interés ligadas a la "gran crisis". La primera es la irreponsabilidad de los agentes financieros y la propuesta limitación de responsabilidad personal, para que la garantía de los préstamos sea únicamente la hipoteca. La segunda se refiere a las medidas para fomentar la inversión procedente de paraisos fiscales en deuda pública española, garantizando la opacidad fiscal, lo que recuerda experiencias de otros tiempos. Reproducimos su artículo:  

 "Recientemente han salido ala luz pública una serie de iniciativas motivadas por la actual crisis. Por un lado, el Parlamento de la Comunidad Autónoma de Madrid, a instancia de IU con el apoyo del PP, pretende que las personas que han solicitado un préstamo hipotecario no respondan con todos sus bienes presentes y futuros (como establece el Código Civil), sino sólo con el bien hipotecado. Por otro lado, el Gobierno de España está reformando la normativa a fin de favorecer que el dinero situado en paraísos fiscales se invierta en deuda pública española...

Todo esto pone de manifiesto que favorecer los paraísos fiscales y, con ellos, el fraude fiscal, además de ser poco ético, no supone ninguna solución a una crisis. En este sentido, ha de recordarse que el gobierno del PSOE de los años 80 también justificó la opacidad fiscal de ciertas inversiones en deuda pública y aquel invento acabó fracasando... Leer más

 
La culpa del otro (Rafael Argullol, en Tribuna, El País, 31 de mayo de 2009)

No salimos de nuestro asombro cuando el Informe PISA sobre la enseñanza en España nos habla del fracaso de nuestro sistema educativo. Y no puede decirse que sea por falta de recursos, porque otros países con menos fondos destinados a educación salen mucho mejor parados. Hay diversos factores que lo explican, pero Rafael Argullol mete el dedo en la llaga, porque entre todas las causas la principal está en que nos hemos olvidado de nuestra responsabilidad como ciudadanos y optamos por echar la culpa a los demás, a los maestros, a los gobiernos, a la televisión  (algunos de ellos la tienen y mucha), actuando de una manera cuando menos hipócrita. Del su artículo extractamos lo siguiente:  

 "...Voy a una comida en la que varios de los comensales están interesados en hablar del analfabetismo de los jóvenes actuales. Algunos de los presentes acusan a los maestros y al sistema educativo; otros, a la televisión, a la tecnología o al consumismo. Los aparentemente más perezosos se vuelcan en los políticos, cabezas de turco cuando se agotan los argumentos...

Cuando los informes sobre la educación en España provocan sorpresa y alarma por sus cifras catastróficas no deja de insinuarse un cierto paralelismo con las reacciones de supuesta incredulidad ante el desastre especulativo en nuestra economía. Durante años hemos contemplado con pasiva complicidad el hinchamiento surreal de lo que los propios comentadores económicos presentaban con la vistosa denominación de burbuja inmobiliaria. Casi nadie, al parecer, quería pararse a pensar cuándo estallaría. Y aunque parezca un asunto lejano, algo muy semejante ha ocurrido con respecto a la burbuja educativa (o antieducativa, si quieren). Es cómico, y patético, que alguien se rasgue las vestiduras ante el balance del informe PISA sobre la enseñanza en España, el mismo tipo de hipocresía de los que, de pronto, han descubierto la destrucción de la Manga del Mar Menor o de la Costa del Sol... Leer más

 

 Cuando éramos honrados mercernarios  (Arturo Pérez Reverte, en Patente de Corso, XL Semanal, del 31 de mayo al 6 de junio de 2009)  

¿Cuántos periodistas de verdad quedan en España? El artículo de Pérez Reverte confirma una impresión que muchos tenemos desde hace tiempo: el deterioro de la profesión periodística en España, donde la adhesión ideológica y la entrega apasionada e inquebrantable a las preferencias políticas del medio de comunicación para el que se trabaja es hoy norma que pocos se atreven a quebrantar, ante la amenaza de la travesía por el desierto. Noticiarios donde no se informa, sino que se describen hechos acompañados de juicios de valor, consignas, y descalificaciones de personas o instituciones. “Periodistas” que pretenden formar al ciudadano, como si éste fuese un idiota incapaz de valorar por sí los propios hechos que acontecen a diario. De lo expuesto por Pérez Reverte destacamos lo siguiente: 

“… Cada cual tenía sus ideas particulares, por supuesto; pero estamos hablando de periodismo. De pan de cada día y de reglas básicas. Éstas incluían aportar hechos y no opiniones, no respetar en el fondo nada ni a nadie... Leer más

 
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