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28.05.2017

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Entre abonar el “bonus” y cobrarse el “malus”

Jugamos con las palabras, pero no con las razones.  Hace tiempo conocimos las reacciones por el cobro de primas e incentivos millonarios por parte de directivos de entidades en una situación crítica en EEUU, que habían necesitado de ingentes cantidades de dinero público para sobrevivir a una crisis financiera sin precedentes. Ahora sabemos por la prensa que el Sr. Blesa y otros directivos de Caja Madrid están facultados para reclamar un “bonus” que “tan sólo asciende a 25.000.000 euros” por su condición de directivos o exdirectivos de la citada Caja, cantidad que ésta debería aportar a los planes de pensiones correspondientes para que  los exdirectivos puedan percibir tales cantidades incrementadas al cumplir los sesenta y cinco años. ¡Vaya con la cobertura de tan desdichada contingencia¡. Así si se afronta una jubilación sin aprietos económicos, mientras el común de los mortales se ven asfixiado por una crisis que hace estragos y que motivará, entre otras consecuencias, una reducción de las pensiones públicas.

Pero resulta que los futuros perceptores del “bonus” han gobernado la Caja en un período caracterizado por una reducción de los beneficios de Caja Madrid, que pasa de 2.800 millones de euros en 2007 a 256 millones en 2010. Además en un período de tiempo en el que la entidad ha alcanzado una tasa de morosidad elevada y se ha visto obligada a acudir a los préstamos del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria. ¿Es esto una buena gestión? ¿Qué puede pensarse si además se da a conocer que en plena crisis Caja Madrid compró un coche para su Presidente valorado en 510.717 euros? Un coche muy bien blindado, como el que al parecer utilizan Carlos de Inglaterra o Alberto de Mónaco. Se ve que no es broma lo de vivir a cuerpo de rey o de príncipe en el sector financiero y también debe ser común lo de creerse muy pero que muy importante y expuesto a todo tipo de peligros, como si el Sr. en cuestión, en vez de transitar por Madrid lo hiciera por Jalalabad. En fin, el dilema está entre abonar el “bonus” o cobrarse el “malus”, pero, yendo más allá de lo anterior, son ya muchas las señales que invitan a reformar en serio las Cajas, en las que no hay accionistas que exijan responsabilidades y parece que el dinero fuese un poco de todos y finalmente de nadie.

 

 

   
 
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