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Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro (Santiago Ramón y Cajal; Reglas y Consejos sobre Investigación Científica, Los tónicos de la voluntad, 1898,

28.05.2017

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¿Cuánta porquería e inmoralidad nos queda por descubrir a los españoles en casos de corrupción?

Políticos, empresarios (es un decir) y rufianes de todo tipo, gentes de esa calaña en general (gentuza y delincuentes), todos entregados a la avaricia y a la lujuria, y todo costeado de un modo u otro por los contribuyentes, una vida de lujo a base de exprimir el dinero y los bienes públicos. Contratación, urbanismo, subvenciones, "venalidad de los cargos públicos" -de nuevo, ¡qué horror¡-. ¿Qué más se puede inventar para patrimonializar la cosa pública? Los españoles no salimos de nuestro asombro, aunque las sospechas eran vehementes desde hace tiempo.

No es extraño que los españoles consideren algo muy preocupante la corrupción en la clase política. Según los datos que expuso el Fiscal General del Estado, Cándido Conde Pumpido, en comparecencia ante la Comisión de Justicia del Congreso, se están tramitando un total de 730 causas frente a cargos públicos por corrupción. 264 afectan al PSOE y 200 el PP.

Dice el Fiscal General que hay de todo y en todos los partidos y que "no llega al uno por ciento el número de los responsables públicos de este país que en su vida han hecho algo que merezca la sospecha de un juez o un fiscal" ¿Pero le parece poco, Sr. Fical?

La llamada trama Gürtel no sólo ha dañado la imagen del PP, sino que es quizá la gota que colma el vaso en un momento donde los políticos se consideran en las encuestas del CIS como uno de los principales problemas del país. Hace unos meses señalabamos desde la Tribuna de Liberlex la reacción en el Reino Unido ante el descubrimiento de casos de corrupción de diputados británicos por el empleo de dinero público en gastos particulares. 

El caso Gürtel supone una trama de corrupción a una escala que quizá nunca se había conocido en España. Por lo que aparece en prensa, no se trata sólo de comisiones, contrataciones ilegales, recalificaciones, regalos a políticos y cargos públicos. También se utilizó el sexo como arma para ganarse el favor de políticos y empresarios.

¿Qué más nos queda por saber? Si esto fuese, sólo la punta del iceberg, como dicen, se quedan cortos los cientos de comentarios que circulan en Internet lamentando que España se haya llenado de chorizos. Antes de que se agote la paciencia de los ciudadanos, es necesario que todos impulsemos una regeneración que purifique las instituciones y los partidos políticos.

   
 
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